Mi padre, Bob
Baker, nació en 1921 en Manchester. Se convertió
en una persona que tenía principios nobles y creencias fuertes. En
1942 se ofreció para Bomber Command, una división
muy peligrosa; 50% de los miembros perdieron las vidas y uno de cada
diez fue detenido como prisionero de la guerra.
En el verano de 1943, la avión de Bob fue derribado. Se tiró en paracaídas, aterrizó en un invernadero, perdió dos dientes y fue escondido por la policía local por pocos días. Entones, llegaron los alemanes. Sus padres recibieron una carta del Cura del campo quien lamentó mucho que no supieron el destino de Bob.
De hecho, Bob pasó los dos años siguientes en Stalag Luft 3. Mi prima me dijo que dijeron que cuando volvió era un hombre diferente, cambiado.
Bob, como la mayoría de los hombres del norte de esa época, era un hombre callado quien no hablaba sobre sus sentimientos y emociones. Pero, cada día en el que se recuerda a los caídos en las dos guerras mundiales; veía el servicio en la tele y lagrimas calladas le corrían por la cara.
De lo contrario, nunca hablaba de la guerra y yo nunca le preguntaba. De niña la guerra no me interesaba y cuando era un adolescente enfadada me quedó pacifista y me sentía reñido por Bomber Command y la segunda guerra mundial.
No obstante, estaba muy orgullosa de mi padre y no podría imaginarme como se sentía cuando se cayó por el cielo.
En el verano de 1943, la avión de Bob fue derribado. Se tiró en paracaídas, aterrizó en un invernadero, perdió dos dientes y fue escondido por la policía local por pocos días. Entones, llegaron los alemanes. Sus padres recibieron una carta del Cura del campo quien lamentó mucho que no supieron el destino de Bob.
De hecho, Bob pasó los dos años siguientes en Stalag Luft 3. Mi prima me dijo que dijeron que cuando volvió era un hombre diferente, cambiado.
Bob, como la mayoría de los hombres del norte de esa época, era un hombre callado quien no hablaba sobre sus sentimientos y emociones. Pero, cada día en el que se recuerda a los caídos en las dos guerras mundiales; veía el servicio en la tele y lagrimas calladas le corrían por la cara.
De lo contrario, nunca hablaba de la guerra y yo nunca le preguntaba. De niña la guerra no me interesaba y cuando era un adolescente enfadada me quedó pacifista y me sentía reñido por Bomber Command y la segunda guerra mundial.
No obstante, estaba muy orgullosa de mi padre y no podría imaginarme como se sentía cuando se cayó por el cielo.
Después
de la muerte de mi madre encantadora busqué
entra sus cosas esta cosa pequeñita.
No
supimos lo que era pero en las tiendas de antiquedades en Hungerford
descubrimos que para tener una insignia de oruga para la solapa tiene
que ser miembro del 'Caterpillar Club'. Este es un grupo de personas
quienes se han tirado en paracaídas con éxito desde una avión que
había sido inutilizada naturalmente. Su lema es 'la vida depende de
un hilo de seda' Es obvio que Bob ganó cuarenta seis años de la
vida y yo debo mi existencia a un hilo de seda.
Bob y Yo en 1983


No comments:
Post a Comment